La ciudad vivida por las mujeres

He tenido el placer de formar parte como ponente en el seminario MUJERES AL FRENTE (abril 2018), organizado por la Asociación de Mujeres Grandes y celebrado en el Colegio Mayor Rector Peset de València, junto con mujeres referentes de luchas tan importantes y necesarias como Yayo Herrero -defensora del ecofeminismo como herramienta para restituir la paz con la tierra y entre las personas- y la Asociación de víctimas del Metro 3 de julio -nacida en 2006 tras el grave accidente de metro en València donde perdieron la vida 43 personas y quedaron heridas otras 47-, o la Asociación la Unificadora -afectados y afectadas por las presiones urbanísticas en La Punta-.

En la conferencia, titulada “La ciudad vivida por las mujeres”, realicé unas reflexiones sobre la distinta manera en que hombres y mujeres vivimos la ciudad, basadas en datos objetivos y estudios, así como en la simple observación de nuestras calles y plazas. Las ciudades que conocemos se han diseñado para un ciudadano hombre tipo, priorizando las necesidades del trabajo productivo (remunerado, visible y reconocido), por encima del trabajo reproductivo, el de los cuidados, tan necesario para la supervivencia de nuestra sociedad y aún hoy tan poco reconocido, invisible, no remunerado y mayoritariamente realizado aún por las mujeres.

El objetivo del urbanismo feminista es acabar con las posibles desigualdades que los roles de género y la división sexual del trabajo provoca en ese uso diferenciado de la ciudad. Para que todas las personas podamos vivir y desarrollarnos plenamente, con los mismos derechos sin que unas necesidades se prioricen por encima de otras.  El reto es acabar con la necesidad de reivindicar una ciudad igualitaria para alcanzar un urbanismo “sin género”.

Hablamos de Viena, ciudad pionera en Europa en la aplicación del urbanismo y arquitectura con perspectiva de género. En España son referentes País Vasco y Cataluña. Ciudades como Barcelona, Bilbao, Madrid, Murcia o Vigo han puesto en marcha planes para tener en cuenta los hábitos de las mujeres, también se está iniciando tímidamente en la Comunidad Valenciana.

Descubrimos cómo nos movemos las mujeres en València: mayoritariamente caminando o en transporte público, mientras los hombres prefieren los medios motorizados privados (datos del Plan de movilidad urbana sostenible -PMUS- aprobado en 2013). También los niños y niñas de nuestra ciudad deben recuperar su espacio público en calles y plazas. Hablamos también de coeducación a través de la corriente de transformación de patios escolares que se está extendiendo actualmente por nuestro país.

Con datos objetivos y auditorías urbanas con perspectiva de género, tomando como herramienta la participación ciudadana, es posible avanzar hacia ciudades más inclusivas e igualitarias.